La importancia de la sanidad en las plantaciones forestales

Por la Téc. Natalia Acosta 
Área de Sanidad Forestal
Dirección de Producción Forestal
nacosta@magyp.gob.ar


Los bosques cultivados son ecosistemas complejos que cumplen funciones y procesos que pueden ser modificados por diversos factores. Cuando se altera negativamente la integridad de estos sistemas, no sólo se reducen sus funciones ecológicas sino también su capacidad para brindar bienes y servicios.  Un concepto que se aplica actualmente al manejo de los bosques nativos y cultivados a nivel mundial es el de Manejo Forestal Sostenible (MFS), entendido como un principio que asegura la obtención de bienes y servicios atendiendo criterios económicos, ecológicos y sociales.

Una de las bases del MFS, tal como menciona el Criterio 3 del Proceso de Montreal, es “el mantenimiento de la salud y vitalidad de los ecosistemas forestales”, pilar que puede ser modificado por la presencia de insectos perjudiciales y enfermedades, entre otros agentes. De lo anterior se desprende la importancia de considerar los posibles problemas sanitarios que puedan presentarse en los bosques y con ellos, las estrategias de Manejo Integrado de Plagas(1) (MIP) a implementar.

En nuestro país, las especies forestales que se utilizan son en su mayoría exóticas de rápido crecimiento, en donde un 60% corresponde a pinos, un 20% a eucaliptos, 9% a Salicáceas (Populus sp. y Salix sp.) y finalmente un 11 % incluye otras especies (Prosopis sp., Melia sp., Toona sp., Grevillea sp., Paulownia sp., etc.).
En los últimos 15 años, la promoción de plantaciones forestales se ha realizado bajo la Ley 25.080 de Inversiones para Bosques Cultivados (modificada por su similar Ley N° 26.432) con lo cual se ha conseguido aumentar el patrimonio forestal en más de 1 millón de hectáreas, concentradas mayormente en la región mesopotámica.

Es así que, en función a la significativa inversión realizada por el Estado a través de esta ley, contar con bosques en buen estado de salud y vitalidad al turno de corta constituye un aspecto de suma importancia para la cadena productiva forestal.

Plantaciones y sanidad
En la Resolución Nº 810/2011, referida a la Ley Nº 25.080, uno de los requisitos a considerar para la aprobación del certificado de obra es el control de plagas y malezas, adecuado estado sanitario y desarrollo vegetativo de la plantación.

Cuando se habla de la sanidad o adecuado estado sanitario del bosque no sólo se refiere a las posibles plagas que puedan afectarlo, sino que desde una visión más integral es importante considerar aspectos de manejo silvicultural, de adaptación al sitio, resistencia genética a insectos y enfermedades, entre otros.
En este sentido, en la década del 70´ las promociones forestales estuvieron orientadas a instalar plantaciones destinadas a la industria celulósica por lo que se consideraba como razonables altas densidades mínimas. Esta tendencia ha ido cambiando en el transcurso de los años, con lo cual estos valores de densidades han disminuido, incorporándose además los tratamientos silviculturales de poda y raleo.


Actualmente, se subsidian hasta 3 intervenciones de poda y un raleo no comercial. Sin embargo, a pesar de que estas actividades están contempladas, la cantidad de productores que solicitan estos beneficios, es porcentualmente baja. Respecto a las especies, los planes de forestaciones con pinos encabezan el pedido de este subsidio, seguido por los de eucaliptos y en muy menor medida, las Salicáceas. Las podas tienen la finalidad de obtener madera libre de nudos y los raleos el de distribuir el potencial de crecimiento entre los árboles remanentes logrando mayor volumen maderable. Esta última práctica, relacionada con la densidad, disminuye la competencia entre los individuos, lo que favorece el crecimiento vigoroso.
De ahí la importancia, no sólo de la disminución de las densidades mínimas con las respectivas leyes de promoción forestal sino también la de promover la realización de estas prácticas silviculturales y con ello, reducir la posibilidad de ataque de plagas.

Otra consideración, es que las especies elegidas deberían adaptarse ecológicamente al sitio. Para tal caso, es importante optar por genotipos originarios de regiones con condiciones ecológicas y de sitios similares a la zona donde se van a implantar evitando, de esta manera, que crezcan bajo condiciones de estrés y sean susceptibles al ataque de plagas.

Asimismo, el uso de material genético resistente a plagas es otra de las estrategias para reducir el daño debido a estos agentes, no obstante, muchas veces es una alternativa de mediano-largo plazo, ya sea porque todavía no ha llegado al turno de corta para reemplazar el material genético o los programas de mejoramiento no existen o son incipientes (considerando además el tiempo que conlleva el desarrollo de los mismos).
Además, existe la probabilidad de que en algún momento ese material pueda llegar a convertirse susceptible a plagas, haciendo necesario su recambio.

Un ejemplo que ilustra lo anterior, es el caso de la roya del álamo - Melampsora sp.- en el Delta del Paraná (Cortizo, 2003): en la década del ´20 debido a los ataques de M. medusae se reemplazó el “álamo carolino” (Populus deltoides subesp. angulata cv. carolinensis) por el “álamo criollo” (Populus nigra cv. Itálica) que al principio tuvo un buen comportamiento aun cuando las condiciones ecológicas no eran las adecuadas, luego comenzaron los problemas de plagas y enfermedades y finalmente 20 años después aproximadamente, fue diezmado por otra especie de roya (Melampsora larici-populina).
En los años siguientes, se introdujo nuevo material genético en donde algunos resultaron susceptibles a la cancrosis (Septoria musiva). En la década del ´60, se trajeron clones de Populus deltoides de regiones ecológicamente similares; si bien 20 años después dos de ellos -“Catfish 2” y “Catfish 5”- ocuparon porcentualmente las mayores superficies plantadas, en los años 90 sufrieron ataques de roya, con grandes mermas en el crecimiento por lo que fue necesario buscar nuevos clones.

Finalmente, el manejo integrado de plagas (MIP) pude definirse como “la combinación de medidas de prevención, observación y supresión orientadas a mantener las poblaciones de plagas en un nivel adecuado” (Varios, 2012) en donde la prevención incluye la selección adecuada del árbol, variedad, sitio y la aplicación de prácticas de plantación y raleo que reduzcan las poblaciones de plagas y favorezcan el control por enemigos naturales. Para la observación, una herramienta es el monitoreo poblacional de las plagas -por inspección visual o sistemas de capturaque permita establecer el momento de realizar el control de las mismas. Por su parte, la supresión busca eliminar a la plaga por controles mecánicos y biológicos en primer lugar y por control químico (plaguicidas sintéticos) si no hay otra alternativa.


En los últimos 10 años, los problemas sanitarios más relevantes fueron originados por insectos, por tal razón, en el cuadro siguiente se consignan los más importantes a tener en cuenta en un programa de manejo de plagas.


(1) La norma NIMF N°5 (2010) la define “Plaga” como cualquier especie, raza o biotipo vegetal o animal o agente patógeno dañino para las plantas o productos vegetales.

Bibliografía
Cortizo, S. (2003). “Royas en álamos. Alternativas de control a mediano y largo plazo”. Actas de las Jornadas XVIII Forestales de Entre Ríos. E.E.A Concordia. (ISBN 1667-9253). pags7 pp.
Gómez, C; Greslebin, A y Rajchenberg, M. (2010). “Plagas y enfermedades de Pinus sp. de la región Andino Patagónica de Argentina”. Manual de campo. UNPSJB
Varios. (2012). “Guía para la aplicación de normas fitosanitarias en el sector forestal”. Gillian Allard, Kerry Britton y Beverly Moore (coordinadores). Estudio FAO Montes N° 164. ISSN 1014-2886.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...