Día Mundial de Lucha contra la Desertificación




El 19 de diciembre de 1994 la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 17 de junio Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, (Resolución 49/115). Ese mismo año, en ese día se había aprobado la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) en los países más afectados por sequía grave o desertificación, en particular África. Se invitó a los Estados a que dedicaran ese Día Mundial a sensibilizar a la opinión pública respecto de la necesidad de cooperación internacional para luchar contra la desertificación y los efectos de la sequía y respecto de la aplicación de la CNULD. En la actualidad 194 Países Parte ratificaron este acuerdo. 

 

El Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación y la Sequía es una ocasión única para recordar a todo el mundo que el problema de la desertificación se puede abordar de forma efectiva, que las soluciones son posibles, y que las herramientas clave para lograr este objetivo residen en la participación comunitaria y el fortalecimiento de la cooperación en todos los niveles. 

Según la definición brindada por la CNULD, se define a la desertificación como “la degradación de las tierras de zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas resultante de diversos factores, tales como las variaciones climáticas y las actividades humanas”.

El lema de este año para celebrar este día: "No dejes que nuestro futuro se seque" pide a todos a adoptar medidas para promover la preparación y la resistencia a la escasez de agua, la desertificación y la sequía.

El lema encarna el mensaje de que todos somos responsables del uso racional y la conservación de agua así como el uso sostenible de la tierra, y que existen soluciones a los graves problemas que afectan los recursos naturales, y en este caso la degradación de la tierra no tiene que amenazan nuestro futuro.

El agua dulce es valiosa. De toda el agua en la Tierra, sólo el 2,5 % es agua dulce. Y de toda esta agua dulce, la oferta total utilizable para los ecosistemas y los seres humanos es inferior al 1 %. Cuando la demanda de agua supera la oferta disponible, da lugar a la escasez de agua. Las tierras secas son particularmente vulnerables a la escasez de agua. Mientras que cada persona necesita un mínimo de 2.000 m3 de agua para el desarrollo del bienestar humano y sostenible cada año, en promedio, la gente en las tierras secas tienen acceso a sólo 1.300 m3. (1)


La desertificación consiste en una degradación persistente de los ecosistemas de las tierras secas. Este proceso se produce en gran medida por el uso insostenible de recursos escasos y constituye una amenaza para el sustento de algunas de las poblaciones más pobres y vulnerables del planeta.

En África y en Asia, al igual que en América Latina y el Caribe, las instituciones intergubernamentales y los organismos del sistema de las Naciones Unidas prestan especial atención a la reforestación, la lucha contra la erosión por el viento, la fijación de dunas y la creación de bases de datos sobre las plantas de las zonas áridas, para facilitar la selección de especies adaptadas a esos ecosistemas. 

En el marco de la CNULD se destaca la importancia de que los países en desarrollo trabajen la “gestión integrada de los recursos hídricos en las zonas de tierras degradadas, uso y ordenación racionales de los pastizales, desarrollo de sistemas de producción agrícola y ganadera sostenibles, desarrollo de fuentes de energía nuevas y renovables, puesta en marcha de programas de reforestación y forestación e intensificación de los programas de conservación de los suelos (…) desarrollar y llevar a cabo actividades en las esferas temáticas y sectoriales (…) con miras a (…) mejorar los programas de reforestación y forestación mediante el desarrollo de actividades conjuntas entre las convenciones de Río y otros acuerdos conexos e intensificar la ordenación de los suelos.”

En este sentido, los países de la región han hecho especial hincapié en la reforestación, la ordenación concertada de los bosques y el reforzamiento de la capacidad de las poblaciones a fin de prepararlas para hacerse cargo de la rehabilitación de las tierras degradadas. Han establecido mecanismos para aumentar la participación de las comunidades de base en la ordenación de los recursos naturales (reconocimiento de derechos sobre los productos forestales, adopción de incentivos económicos, etc.). Se han adoptado varias medidas conjuntas para promover la reforestación: movilización de las comunidades, aliento a las iniciativas individuales, lanzamiento de programas públicos. 

Es importante en este día destacar el rol de la reforestación y las plantaciones para rehabilitar tierras degradadas y combatir la desertificación, facilitar la fijación del suelo, además de ser sumideros de CO2 que ayudan a combatir el cambio climático. (2)


(1) www.ambiente.gob.ar
(2) Área Ambiental - Dirección de Producción Forestal

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